#CuentoCorto #TALADROLITERARIO DESLIZÁNDOTE…

#CuentoCorto

#TALADROLITERARIO

DESLIZÁNDOTE

Por: Eclécticus

Soñando con un hogar… pensando en cosas hermosas con el hombre que amas mientras a solas en tu departamento esperas contando las horas su llegada, queriendo que el tiempo transcurra tan rápido como un suspiro y estar nuevamente en sus brazos…
Es la decimosegunda vez que te miras en el espejo y siempre encuentras un detalle que mejorar, siempre queriendo ser más hermosa pues casi siempre es de tu belleza que se sostiene el vínculo.
Corres a la mesa del comedor donde has puesto de tu vajilla nueva, lo necesario para dos personas, velas que encenderás minutos antes que se abra esa puerta, un bello mantel inmaculado, tus cubiertos de plata para las grandes ocasiones…
Ya se perciben exquisitos aromas que emanan de las delicias que preparas y que con esmero y dedicación, pues lo has planeado desde hace una semana; das el toque personal que tanto ama.
Después de cerciorarte que la comida va quedando como te gusta, das media vuelta y te diriges a la habitación que has perfumado con la esencia que te distingue y que sabes lo vuelve loco, las sábanas limpias dispuestas y listas para ser el terreno del juego sensual que se avecina.
Piensas… basada en la felicidad del momento, que hay futuro… que él vibra en la misma sintonía que tú y que al igual que tú, quiere una vida y si es posible más allá, contigo…
Él no está solo… llegaste a su vida a destiempo, cuando ya no era totalmente dueño de él mismo y que se debía a otros… ¡Y sin embargo lo sientes tan tuyo! ¡Porque tú eres tan suya como de nadie en toda tu vida!
Haciendo memoria… comenzaste simplemente dándole una oportunidad… una sola oportunidad para conocerte, permitiste la primera taza de café más movida por la curiosidad que por un deseo real de conocerlo, lo miraste ahí, llegando a la cita; con su actitud nerviosa, tensa, pues estabas al fin frente a él y parecía realmente interesado en ti… eso te agradó… fue menos de una hora y te creíste inmune a su interesante charla y su encanto involuntario, pero… fue de efecto retardado… no comprendías por qué seguías con su imagen en la mente… luego poco a poco se fue adueñando de tu tiempo libre, de esos ratos de ocio en los que el pensamiento divaga e invariablemente tu cabeza regresaba a él y en tus cavilaciones, no atinabas a explicarte que estaba pasando… peor aún, sin darte cuenta lo traías en la mente al hacer las cosas en las que requerías concentración… pero está no llegaba porque él estaba ahí estorbando tu trabajo… cuando menos lo esperabas te comenzaste a acostumbrar a su presencia en tu día a día, con sus detalles, con sus mensajes y sus inesperadas llamadas, las que lentamente y sin apenas notarlo se hicieron tu momento cumbre del día, cuando el resto de las horas habían valido la pena pues él te recordaba lo mismo que tú y te pensaba lo mismo que tú… comenzaste a extrañar sus llamadas y su voz al otro lado del teléfono… ¡Carajo… tú tan libre como las olas del mar… confinándote voluntariamente a una represa…!
Un día a quemarropa te propuso hacer el amor y tú sin meditarlo dijiste sí y entonces como si la aceptación tuviera tiempo límite o una fecha de caducidad ráfaga… te llevó a esa habitación de hotel de paso presuroso y ahí… ¡Recorriste la galaxia, todas las estrella y el universo todo… sin salir de esa habitación! ¡No lo podías creer… era lo que imaginabas y mucho más!
A partir de ese momento fuiste de él como el calor es del sol y la noche de la luna… ¡Estabas total e irremediablemente enamorada!
Ahora… ahí en la soledad de tu departamento revisas minuciosamente los detalles para tu encuentro semanal… ¡Todo se ha reducido a un día de siete… a un único pero maravillosos día que te es suficiente… aparentemente!
Callas y sonríes, amas y a la vez aborreces… odias las despedidas, tener que separarte de quien te es necesario para estar bien, para soñar e incluso; porque estás segura de ello por los sofocos provocados por su ausencia… ¡Para respirar!
Ya no toleras verlo marcharse de tu lado al terminar la velada… dejarlo ir al final de la pasión, al terminar el último gemido y al reposar adormecidos por el sopor que provoca el amor carnal que en ti lo es todo y que en tu idílica imaginación, también lo es para él… quisieras continuar en un abrazo estrecho y tierno y pasar la noche así de unidos para al amanecer ver su rostro adormilado, inaugurando sonriente; el nuevo día… sin embargo y a pesar de lo inenarrablemente hermoso que es… él se va.
En tu mente se libra una cruenta batalla por seguir aceptando lo que tienes hasta ahora, temerosa de perderlo; grita inconforme la rebelde e imperiosa necesidad de tenerlo todo, de que no se vaya ya más y sea tan tuyo como has soñado llorando en el silencio de tu habitación.
Son largas las noches en vela, sin poder conciliar el sueño, sufriendo lo indecible; imaginándolo en los brazos de su mujer o cobijando en la noche fría a sus pequeños hijos… su mujer… ¡Su mujer soy yo! Gritas colérica y angustiada y tu grito se pierde en esas paredes sordas a tus lamentos, incapaces de comprensión y consuelo… abrazas tu almohada y lloras hasta que el sueño y el cansancio te vencen… para al amanecer, afrontar otro día sin él… más que en el pensamiento.
Miras el reloj y ves que se ha retrasado… aprietas los dientes molesta y un deseo enorme de llamarlo te acomete de pronto… pero, esperas… ¡No quieres verte ansiosa aunque sabes, que él sabe; con qué devoción lo esperas! Te consume la incertidumbre…
Que feliz eras cuando no tenías que esperar por nadie… cuando ibas y venías sin la necesidad de sentir una mano en la tuya y un beso en los labios como reafirmación de ti misma… pero la felicidad que te da el tiempo fugaz a su lado no la compensa nada y te embarga una creciente ansiedad, reniegas y maldices el día que se cruzó por tu camino y al segundo siguiente no concibes la vida sin su cálida presencia que todo lo llena y que hace que cada minuto de sufrimiento y desolación valga la pena.
Son ya quince minutos tarde y comienzas a hiperventilar… das un golpe en la mesa y te exiges a ti misma serenidad… no fumabas y ahora corres al cajón de tu tocador para sacar la cajetilla de cigarrillos que dejó olvidada él un día y enciendes uno para tranquilizar tu corazón desesperado por la espera. Aspiras el humo hondamente cerrando los ojos y juras que es la última vez que te hace esperar… luego recuerdas que es la vigésima vez que lo has jurado y un nudo en la garganta y maldiciones a ti misma por débil acuden a tu pensamiento que te insta a terminar con ese martirio.
¡Veinticinco minutos retrasado y no aparece! ¿En qué demonios estaba pensando al entregarle mi vida a este desgraciado que no tiene ninguna consideración conmigo? Piensas y te llevas las manos a la cabeza furiosa… pero luego, recordando sus besos abrasadores y sus caricias quemando tu piel… suspiras y pones la mano en el pecho en busca de la calma.
Otros cinco minutos se suman a su tardanza y ya tu serenidad se fue por el caño… te levantas del sillón y caminas hacia la mesa donde has dejado tu celular… ¡Este infeliz no se va a burlar de mí! Buscas en tu directorio el nombre de “amor de mi vida” y lo tocas para llamarlo… luego al comenzar a sonar… cuelgas alarmada… ¡Se puede molestar mi amorcito! Te dices, pero el coraje es más grande… ¡Que amorcito ni que la…! ¡Voy a esperar otros cinco minutos… si no llega… lo llamo!
Cuatro minutos y medio y tú con el celular en la mano… vas a oprimir “llamar” cuando… ¡Suena el timbre de tu departamento! ¡Es él! Piensas en voz alta emocionada.
Vas hacia el espejo y te das un último retoque y corres a la puerta a abrirle…
¡Hola señorita… muy buenas tardes…! ¡Vengo de la prestigiada academia de superación personal “Nos vemos en la cima” y recorremos la ciudad, colonia por colonia, calle por calle, casa por casa y departamento por departamento ofreciéndole la gran oportunidad de tomar un maravilloso curso de autoconocimiento en la modalidad de beca que…! Le azotas la puerta en las narices y corres llorando a tu recámara.
¡Esta fue la última que le pasé! ¡Hasta aquí! ¡Esto no es vida! ¡Que se vaya a la…! ¡Suena nuevamente el timbre de tu puerta y te levantas de golpe para caminar furiosa a abrirle a ese estúpido y necio vendedor!
¿¿Qué no fui suficientemente clara al cerrarle la maldita puerta en su estúpida jeta que no quiero na…?? Abres de golpe y ahí está él…
Como por arte de magia tu furia desaparece y en el lugar de la bruja malvada que va a ejecutar un hechizo maldito… flota en el aire mágicamente… ¡Un hada de delicadas alas que sonríe como ida!
Hola mi vida… dices con azucaradas palabras… (¿Qué le ibas a decir farsante?)
Hola mi amor… ¡Te vas hermosísima! Y sientes que te derrites ahí mismo. Lamento haberme demorado… me entretuvieron en la oficina y no pude salir puntualmente… no te llamé porque se me descargó el celular, pero Ricura… ¡Ya estoy aquí!
Te arrojas a sus brazos y súbitamente todo lo que te hacía renegar de tu relación con él… todo ese odio y rencor…. Ese dolor y frustración…. Esa tortura y sufrimiento…. Se hacen nada al sentir que sus brazos te aprietan con pasión.
Sin dejar de abrazarte camina hacia adentro llevándote en vilo y uniendo sus labios a los tuyos, te da un beso fogoso con lengua entrometida de por medio y tú… ¡Tocas el cielo! Cierra la puerta y el beso continúa hasta que él lo termina dándote otro chiquito de pollito que le correspondes parando los labios y te quedas ahí de pie cuando te libera del abrazo… con los ojos cerrados sintiendo que flotas por los aires.
No has podido exponer tu punto y no crees oportuno hacerlo ahora… tu fuero interno pugna por emitir un reproche pero tu corazón de gelatina ya va rumbo a la sala en pos del amante perfecto que muy sereno y quitado de la pena se acomoda en tu sillón principal y mirándote con una sonrisa confiada, te espera.
Caminas lentamente hacia la sala y lo haces lo más sensualmente posible… justo como lo ensayaste más de cien veces frente al espejo de cuerpo completo que tienes en tu habitación y que llevaste a tu corredor para tener un espacio tipo pasarela y verte con atención… a punto de llegar hasta él… ¡Se te dobla el tobillo por los enormes tacones que calzas y dando traspiés caes al girar tu cuerpo, de costado sobre él, que atrapándote con viveza, evita te hagas daño y luego… ¡Ambos rompen en sonoras carcajadas celebrando lo gracioso de tu caída y que no te hayas lastimado!
Son estos momentos y diez mil más los que hacen que evadas tu realidad… venías de una relación que te dejó maltrecho el espíritu… el que creíste tu hombre ideal y con el que estuviste algunos años viviendo de repente se transformó en un muy mal compañero… un tipo egoísta, pagado de sí mismo, mal amante, indiferente y que solo cumplía con lo mínimo indispensable… de pronto aparece en tu radar un hombre no mal parecido, simpático, detallista… ¡Excelente amante…! Pero casado… Le diste la oportunidad sin estar convencida de maldita la cosa y ahora estás presa de tu corazón, renegando de tu sufrimiento y padecer, sin querer por ningún motivo siquiera pensar en dejarlo.
Sabes que tiene una esposa y dos hijos, no ignoras que su relación es ya de varios años y que hasta antes de estar contigo parecía un hombre estable… sabes también que él no tiene el valor si es que tiene la intención como te lo ha “confesado” (Previa presión) de dejarla porque ya solo lo une a ella el vínculo de la paternidad (Cosa que casi siempre se usa como argumento para estas ocasiones) Sabes que en el muy remoto caso que diera el paso de abandonar su hogar para ir a tu nido, es probable que te haga lo mismo que le hizo a su esposa, no ignoras que pese a tu belleza y juventud, te mantiene en el anonimato, oculta de miradas indiscretas y alejada de sus círculos sociales, eres la mujer clandestina que sueña con ocupar el lugar preponderante en su vida y que sin embargo él no se siente incómodo en lo más mínimo con tu posición en su existencia… la mujer deseable, siempre dispuesta al encuentro sexual, que no tiene ningún límite ni inhibición y que lo espera paciente y devota siempre con una sonrisa en sus hermoso labios… ¡Nada más!
Sus palabras de “amor incondicional” no avalan los contundentes hechos… ¡Eres el trofeo en su vitrina, con el que presume ocasionalmente al sacarlo, darle un poco de mantenimiento, sacarle brillo y sentirlo en sus manos para luego regresarlo a su sitio y volver a cerrar el cristal para cuando quiera volver a sentir la gloria de tenerlo una vez más en sus palmas! El galardón se va ajando, envejeciendo, pasa el tiempo y sigue en su sitio en esa vieja vitrina… luego cambia de afición y un nuevo trofeo llega a su poder… crea un nuevo pedestal y el viejo logro representado por ese vetusto premio, es arrinconado y dejado en el cuarto del olvido para ya jamás salir.
Pero mientras… disfrutas de la dulzura del momento… del aquí y ahora… sólo tu traicionero corazón se aferra a la ilusión de una vida en común… algo muy lejano en el mundo real… ¡Estás enamorada y sientes que algún día…!
Te deslizaste silenciosamente por la puerta trasera… la puerta que te abrió el tipo con el que pretendías jugar su juego… lo que vino después no lo viste llegar y al parecer ahora juegas tu sola y te engañas para mantenerte ilusionada y vigente… él te deja ser pues le das tu juventud y belleza sin pedir a cambio más que un poco de atención y cariño… le das tu hermoso cuerpo y tu desmedida pasión y eso lo mantiene contigo… pero desgraciadamente esa clase de vínculo es endeble y tarde o temprano se desgasta y acaba… dejando a quien más amó, destruido y en un abatimiento del que es muy difícil salir…
Tal vez comiences a ejercer una presión irracional para exigir tiempo y mucho más de él… quizá hasta llames a la esposa para hacerle saber que tiene una amante y que solo está con ella por lástima o por lo hijos… puede ser que te aparezcas por los lugares que él frecuenta y lo pongas en aprietos y tenga que salir huyendo para no afrontar ni dar explicaciones, seguramente la relación se tornará ríspida y lo que eran hermosas y dulces palabras de amor más allá de los confines; se transformen en insultos hirientes de odio genuino y el recurrente deseo de acabar en un “mío o de nadie” y echar a perder aún más tu vida dedicada a alguien que no te valora en toda tu magnitud, alguien que cobarde no te dice directo y de frente que no dejará a su esposa y que solo eres un remanso en su rutinaria vida… alguien que da lo justo para obtener lo que desea… nomás… un tipo mezquino que no siente remordimiento en mentirte a ti y a su esposa… atada por tu romántico corazón a una historia de amor de utilería que terminará cuando se escuche el grito de:
¡Corte!
Ronda por tu mente la firme idea de embarazarte de él y obligarlo a cumplir con sus obligaciones, porque crees que un hijo será la cereza del pastel y la consagración de su amor y eso lo atará a ti para siempre… desgraciadamente un pequeño fruto de su aventura no lo ligará a tu vida por una eternidad, pues como pudiste constatar, sus hijos no fueron obstáculo para estar contigo… ¿Dos hijos? No… no lo creo… pudiesen ser cinco y la situación no cambiaría para él… siques siendo pese a las circunstancias y lo bello de los niños, la segunda opción… la otra… un tercero en discordia.
Siguen los besos y tú estás perdida en la galaxia de sus ojos y no quieres regresar a la tierra, con sus problemas y crudas realidades… lo tienes justo donde lo quieres… luego de esa efusiva muestra de cariño, te sueltas traviesa de sus brazos, te incorporas y lo tomas de las manos para llevarlo ya sin dilación a la mesa… él observa complacido lo bello de tu decoración y cerrando los ojos aspira profundamente y te dice que huele increíble lo que cocinaste… tu sonrisa va más allá de tus orejas y marchas por los platillos para comenzar la velada.
Disfrutan ya de la deliciosa cena que preparaste, charlan animadamente y has dejado por un momento de pensar en el futuro… él está ahí ahora contigo y eso es lo que realmente importa…. ¿Mañana? Dios dirá…